Verónica Pàmies Morera, deportista de boccia durante casi veinte años y competidora internacional de alto nivel, ofreció una ponencia en la que explicó cómo se vive realmente este deporte paralímpico desde dentro. Más allá de las medallas o la competición, habló de esfuerzo, estrategia, presión psicológica, viajes interminables y de la enorme exigencia física y mental que supone practicar boccia al máximo nivel.
A través de su experiencia personal, Verónica mostró que la boccia no es simplemente “tirar bolas”, sino un deporte de precisión extrema, control mental y muchísima preparación, especialmente para quienes compiten con grandes afectaciones físicas en categorías como la BC3.
La boccia es un deporte paralímpico parecido a la petanca, creado en Europa durante los años 70, especialmente en países nórdicos como Suecia, por profesionales de la fisioterapia y la rehabilitación. El objetivo era crear un deporte muy inclusivo que no dependiera de la fuerza o la velocidad, sino de la estrategia, la precisión y el control. Con el tiempo, acabó convirtiéndose en deporte paralímpico oficial en 1984, en los Juegos Paralímpicos de Nueva York y Stoke Mandeville. Además, es el único deporte paralímpico que no tiene versión olímpica.
Durante la ponencia, Verónica explicó cómo funcionan las clasificaciones funcionales que determinan en qué categoría puede competir cada persona. Estas clasificaciones son realizadas por personal especializado que evalúa el nivel de movilidad, control motriz y autonomía de cada deportista. También comentó que, cuando existen dudas, incluso pueden acudir a partidos o entrenamientos para comprobar que la clasificación se ajusta realmente a las capacidades de quien compite.
La boccia cuenta con cuatro categorías principales. En BC1 y BC2 participan personas con parálisis cerebral con distintos niveles de autonomía. La BC3, categoría en la que compitió Verónica durante años, está destinada a personas con afectaciones motrices muy severas que no pueden lanzar ni con manos ni con pies, por lo que necesitan una canaleta y apoyo de asistencia para poder competir.
Verónica explicó con detalle cómo funciona esta categoría y la enorme importancia de la canaleta, que puede medir hasta dos metros y medio y modificarse con distintos apliques para cambiar la dirección o la fuerza del lanzamiento. También destacó el papel de la persona auxiliar, que siempre debe permanecer de espaldas al juego y no puede hablar ni influir en las decisiones de quien compite.
Otro de los aspectos que más destacó fue la evolución que ha vivido este deporte en las últimas décadas. El material ha mejorado muchísimo y las competiciones son cada vez más exigentes. Recordó que, años atrás, muchas personas no tenían bolas ni canaletas propias y el material lo proporcionaba la federación el mismo día de competición. Las bolas eran mucho más duras y poco precisas, y las canaletas eran simples tubos cortos. “En vez de jugar a boccia, jugaba al billar”, comentó entre risas.
Actualmente, el material es mucho más técnico y especializado. Hay tres tipos de bolas: blandas, medias y duras, y depende de la jugada que se quiera hacer, se usa una u otra. Las bolas deben estar perfectamente equilibradas y tener una buena rodadura, especialmente en categorías como la BC3, donde cualquier pequeña deformación puede modificar completamente la trayectoria de la bola.
La ponencia también permitió conocer cómo se desarrolla una competición de alto nivel. Verónica explicó el funcionamiento de la llamada “cámara de llamadas”, el espacio previo a los partidos donde deportistas, asistentes y material son revisados por el equipo arbitral antes de entrar a competir. También habló de la tensión psicológica de esos momentos, de la concentración necesaria y de la presión que existe en campeonatos nacionales e internacionales.
Más allá del reglamento, lo que más transmitió fue la dureza del alto rendimiento paralímpico. Entrenar varias horas al día, viajar constantemente, pasar jornadas enteras dentro de pabellones deportivos o soportar la presión de la competición forman parte de la realidad cotidiana de muchas personas deportistas. En su caso, explicó que solo el desplazamiento para entrenar en el CAR ya suponía unas cuatro horas diarias de transporte.
También habló de la dificultad de encontrar asistencia comprometida que pueda acompañar a quienes compiten en campeonatos y concentraciones, así como del desgaste físico y emocional que supone mantenerse tantos años en la élite deportiva.
Finalmente, Verónica quiso destacar la falta de reconocimiento social y económico que todavía existe en el deporte paralímpico. Aunque el nivel de exigencia y preparación es enorme, las ayudas, la visibilidad mediática y los premios continúan siendo muy inferiores a los del deporte olímpico y profesional.
La ponencia permitió descubrir que detrás de cada lanzamiento de boccia hay años de entrenamiento, esfuerzo y superación, y ayudó a visibilizar un deporte todavía bastante desconocido para gran parte de la sociedad, pero que exige una precisión, una disciplina y una fortaleza mental enormes.



