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Una historia de maternidad, aprendizajes compartidos y nuevas miradas sobre la discapacidad

En la última sesión de Los Martes, dentro del proyecto CERCLE, tuvimos la oportunidad de escuchar a Belén Arroyo, profesional de la investigación médica y de la industria farmacéutica, que compartió con nosotros su experiencia como madre de Lucía, una joven con parálisis cerebral. A través de su historia, Belén nos invitó a mirar más allá de la discapacidad y a acercarnos a una realidad que, con frecuencia, queda en segundo plano: cómo vive una familia la llegada de un hijo o una hija con discapacidad y cómo se transforma su vida a partir de ese momento.

Bajo el título La vida que nos enseñaste a mirar, Belén compartió recuerdos, emociones, miedos, preguntas y aprendizajes que han formado parte de su camino junto a Lucía. Desde la felicidad de tenerla por primera vez en brazos hasta la incertidumbre de los primeros diagnósticos, su relato nos acercó a una experiencia en la que conviven la preocupación, la esperanza, la adaptación y el descubrimiento de nuevas formas de acompañarse.

Porque la discapacidad no forma parte únicamente de la vida de quien la tiene. También atraviesa la experiencia de quienes están a su alrededor

Durante el encuentro, reflexionamos sobre las preguntas que aparecen, las expectativas que cambian y las decisiones que una familia debe afrontar. Hablamos de la importancia de encontrar apoyos, aprender a pedir ayuda, conocer los propios derechos y construir una red que permita afrontar las dificultades sin tener que hacerlo todo en solitario. También compartimos experiencias y reconocimos situaciones comunes, comprendiendo que cada familia tiene su propio recorrido y que no existe una única manera de vivir este proceso.

Uno de los aprendizajes que Belén compartió con nosotros fue el equilibrio entre proteger y permitir autonomía. Aprender a no dar por hecho lo que una persona puede o no puede hacer, preguntar antes de ayudar, respetar sus tiempos y reconocer sus capacidades son gestos que pueden cambiar profundamente la manera en que nos relacionamos. Porque acompañar no significa decidir por otra persona, sino escucharla, respetarla y ofrecerle los apoyos que necesita para construir su propio proyecto de vida.

La conversación también nos llevó a mirar más allá del entorno familiar y a identificar las barreras que siguen condicionando la participación de las personas con discapacidad: espacios inaccesibles, dificultades de comunicación, falta de apoyos educativos y laborales, prejuicios, sobreprotección y una mirada que, demasiadas veces, se fija antes en las limitaciones que en las capacidades. Barreras que afectan a la persona, pero que también repercuten en su familia, que debe invertir tiempo y energía en buscar información, coordinar servicios y defender derechos que deberían estar garantizados.

¿Qué cambiaríamos si pudiéramos eliminar una sola barrera de nuestra comunidad? Esta pregunta, planteada durante la sesión, nos recuerda que la inclusión no depende únicamente del esfuerzo individual o familiar. Es una responsabilidad compartida que requiere transformar los entornos, las actitudes y las oportunidades que ofrecemos.

La historia de Belén y Lucía nos dejó una reflexión especialmente significativa: cuando nació su hija, Belén pensaba que tendría que enseñarle muchas cosas. Con el tiempo, descubrió cuánto tenía ella también por aprender. Lucía le ha enseñado a mirar de otra manera, a cuestionar sus propias ideas y a comprender que no se trata de cambiar a la persona, sino de respetarnos y querernos tal y como somos.

Desde la Fundación No Somos Invisibles, agradecemos a Belén su generosidad al compartir una experiencia tan personal y a todas las personas que participaron en este espacio de diálogo y reflexión. Encuentros como este nos permiten acercarnos a otras realidades, revisar nuestras propias miradas y reconocer que construir una sociedad más inclusiva empieza también por escuchar, comprender y dejar de dar por hecho quién es capaz de hacer qué.

Porque, a veces, para mirar de otra manera, solo necesitamos que alguien nos invite a hacerlo.